El estudio de arquitectura catalán HArquitectes ya había demostrado su interés por la conservación del patrimonio a través de la puesta en valor del envejecimiento de los materiales y de los estratos que éstos constituyen, como testigos de las diferentes épocas de la vida de un edificio. Fue el caso durante la creación de dos centros cívicos en Barcelona: integración de partes de la fachada existente en el Centre cívic Cristalleries Planell (2010-2016), y en segundo lugar, de fachadas, medianeras y algunos elementos estructurales en el Centre cívic Lleialtat Santsenca (2012-2017). Fue más adelante cuando se centró por completo en la reutilización de los materiales.
En primer lugar, ocurrió con el proyecto de la Casa 1413 (2014-2017), cuyos muros de carga, construidos mediante una técnica híbrida, mezclando tapial y mampostería ciclópea, integran piedras provenientes del antiguo muro perimetral de la finca donde se construyó el nuevo edificio. Más recientemente, en un proyecto de viviendas sociales en Palma de Mallorca, Habitatges socials 2104 (2021-2025), cabe destacar de nuevo la reutilización de la piedra, de una manera muy particular. Construido por encargo del Instituto Balear de la Vivienda (IBAVI), este conjunto de viviendas, destinadas principalmente a personas mayores, encaja perfectamente con la filosofía del promotor. En efecto, el IBAVI, a través de múltiples proyectos (como lo comentamos aquí), promueve la utilización de recursos locales, entre ellos, la posidonia o la piedra marés (nombre local con el que se conoce una arenisca típica de las islas Baleares), y también de materiales de segunda mano, siguiendo una lógica de urban mining. En el caso del proyecto de HArquitectes, cuya construcción se acabó en 2025, la piedra marés es la protagonista, aunque, ¡proveniente de la reutilización!
En el solar que tenía que ocupar el nuevo edificio se alzaba una antigua estructura a punto de ser demolida. Sin embargo, buena parte de sus materiales se reutilizaron in situ: la piedra marés, aunque también elementos de cubierta, cerámica u hormigón. Una vez seleccionados los materiales utilizables, se reutilizaron de dos maneras distintas. Primero, se integraron los elementos cerámicos y de hormigón en los cimientos y muros de la planta baja semisoterrada: se utilizaron 140 m³ de escombros. Este proceso que quizás se asemeja más bien al reciclaje, se complementó con un segundo procedimiento: la fabricación de alrededor de 3000 bloques de hormigón ciclópeo que integran la piedra marés, alcanzando un volumen de aproximadamente 160 m³. Los agregados de marés representan un 40% del volumen de los bloques, también compuestos por cal y cemento. Estos agregados pueden presentarse en forma de escombros grandes de hasta 30 cm, de grava o de arena. El proceso de fabricación paso por el recorte de una losa en bloques de diferentes tamaños.
Estos bloques son constituyentes de los muros de carga y de los tabiques de las viviendas, y permanecen visibles. El marés se convirtió por lo tanto en uno de los protagonistas del proyecto al inscribir este último en su contexto tanto geográfico como histórico. Los pasillos exteriores, que dan acceso a las viviendas, y los acabados de madera no alteran esa lectura de un edificio que parece sumamente coherente. Si bien el proceso de fabricación de hormigón ciclópeo que integra los escombros de un derribo no es nuevo, su utilización in situ y la coherencia en la aparente simplicidad de su implementación lo convierten en un modelo en su género. De hecho, el proyecto se expuso en el pabellón español de la Bienal de Arquitectura de Venecia 2025. Una vez más, la naturaleza circular del enfoque y el uso de recursos locales a través de la reutilización, estaban perfectamente acordes con el espíritu del pabellón.




































